domingo, 29 de marzo de 2009

La serpiente retadora

En cierta ocasión, una serpiente salió de su cueva con ánimo de medir su fuerza con la del hombre.

Ya de salida, topó con un raposo. Le preguntó dónde podría encontrar hombres forzudos.

El raposo le encaminó hacia una casa donde los ferrones (empleados de una ferrería), que en aquel momento estaban dedicados a su trabajo, podían ofrecerle la prueba de fuerza que buscaba.

La serpiente, se dirigió hacia aquella casa en donde se encontró con un hombre al que propuso su reto.

El hombre le dijo que esperase un poco. Propúsole, además, dos condiciones: que le dejase agarrarle primero a él y que no se moviera hasta que le sujetase por donde él quisiese.

Entre tanto, el ferrón puso a calentar en el fogón de la ferrería (taller que trabaja el mineral del hierro) unas tenazas grandes.

Cuando las tuvo rusientes (que toman el color rojo por el fuego), atenazó a la serpiente por los costados.

La serpiente atemorizada le gritaba para que le soltase, puesto que ya reconocía la superioridad del ferrón.

El hombre le aclaró a la serpiente que, si en vez de apretarle con dos dedos, le hubiese sujetado con los diez, no le hubiera dejado una parte sana de su cuerpo.

Esta victoria dio al hombre el dominio sobre todos los animales malignos y, a partir de entonces, temen al hombre todas las fieras de la tierra.