Ese niño era malcriado y no le obedecía a su madre. Se iba a pasear sin haber comido. No regresaba pronto. Llegaba a las diez u once de la noche. A las diez de la noche estaba triste la madre de tanto esperar a su hijo:
¿Qué haces, hijo? le preguntó su madre. Voy a dormir porque hace rato anocheció y no más te estoy esperando. No haces caso a lo que te digo. Te voy a mandar con tu padrino. No haces caso a lo que te digo.
Fue la señora madre del niño con el cura su compadre.
Compadre, ¿qué podemos hacer con tu ahijado? Es muy pícaro y no me obedece. Tú que eres sacerdote, dale un consejo a tu ahijado. Yo por mi parte no lo puedo corregir. Ese ahijado tuyo es pícaro, compadre. Por eso que venga él aquí contigo a ver si te obedece a ti.
Está bien, comadre, que venga. ¿Por qué no ha de aprender lo que le digo? pues soy padre. Le enseñaré a mi ahijado a trabajar. No te pongas triste, comadre, que mi ahijado me va a obedecer lo que le digo.
La mujer le dijo a su hijo:
Hijo, vete con tu padrino. El te enseñará, ya que no me obedeces a mí. Vas a trabajar allá.
Está bien, madre, iré con mi padrino. Si ya no te sirvo de nada, voy a trabajar con mi padrino.
Me vine, padrino. ¿Hay algo que puedo hacer por ti? Vete con tu padrino, me dijo mi madre. Por eso me vine aquí contigo. Mi madre es la que me mandó. Vete con tu padrino, ya no me sirves de nada, así me dijo. Por eso me vine aquí contigo.
Está bien, ahijado, le dijo el padre Vas a trabajar para mí, ahijado.
Está bien, padrino, voy a trabajar. Voy a hacer lo que me digas, todo lo que me dices voy a obedecer, padrino.
Está bien, ahijado dijo el padrino cura. Ahora te voy a decir algo, ahijado. Mañana temprano vas a barrer. A las tres de la mañana vas a barrer. No te voy a despertar, de una vez te advierto ahora.
Está bien dijo el niño.
Amaneció pues y barrió. Cuando terminó de barrer fue a avisarle a su padrino el cura.
Ahora, padrino, terminé de barrer toda la iglesia. Por eso te vengo a avisar, padrino.
Está bien, ahijado, está bien que terminaste. Descansa pues.
Pasó otro día y el padrino le dijo:
Ahora ahijado, te digo otra vez que es lo vas a hacer mañana. Vas a tocar la campana a las seis de la mañana. Vas a tocar tres veces y cuando terminas las tres veces vienes a avisarme e iré a celebrar misa.
Está bien dijo el niño.
Cuando acabó otro día llegó el niño a tocar la campana. Fue a decirle a su padrino.
Ahora padrino, toqué la campana tres veces. Levántate para ir a decir misale dijo al padrino.
Está bien dijo el cura.
Y se acabó otro día y le dijo el cura otra vez al ahijado:
Ahora te voy a decir otra vez que es lo que vas a hacer mañana. Está bien dijo el niño.
Toca otra vez la campana temprano a las tres de la mañana.
Está bien dijo el niño.
Se levantó el niño y pensaba en que iba a tocar la campana. Llegó a donde se toca la campana en el coro. El padrino le había dejado una prueba al niño. Se había ido el cura a dejar un esqueleto en donde se toca la campana. Cuando llegó el niño a las tres de la mañana había un esqueleto parado en el camino. Le dijo el niño al esqueleto:
Quítate de mi camino, que vengo a tocar la campana. No te pongas en mi camino. Quítate de mi camino, que mi padrino me mandó tocar la campana. O te quitas de mi camino o te mato.
El esqueleto no se quitaba, no se movía y no contestaba.
¿O me contestas o quieres que te mate? le dijo el niño al esqueleto. Si a la tercera vez no me contestas te voy a hacer pedazos. Eso es lo que quieres, por eso te pones en mi camino. Pues ahora vas a morir, te voy a tirar para abajo. Y empujó al esqueleto desde el campanario. Cuando terminó de empujar al esqueleto tocó la campana y se bajó del campanario. Fue a despertar a su padrino. Llegó a la recámara del padrino y tocó la puerta. Se despertó el padrino:
¿Qué dices le preguntó el cura al niño?
Levántate, ya toqué la campanale dijo el niño al cura. Oyó el cura y se asustó.
Ah ¿tocaste la campana? preguntó el cura.
Toqué la campana, padrino, le dijo el niño.
¿Acaso no viste nada en el campanario? preguntó el cura. Contestó el niño:
Sí, padrino, vi algo.
¿Qué viste? le preguntó el cura al niño.
Contestó el niño:
Vi alguien que estaba parado en mi camino que no me dejó pasar a tocar la campana.
Ah dijo el cura ¿qué hiciste pues? ¿Acaso no le tuviste miedo? No, padrino.
Entonces ¿qué hiciste?
Lo empujé, se cayó y se hizo pedazos en el piso.
Ah, es verdad lo que me dice tu madre, cómo eres pícaro le dijo el cura al niño. Entonces no le tuviste miedo. Eres pícaro, ahijado. Descansa. Ya mañana vas a trabajar otra vez.
Llegó otro día y su padrino le llamó al niño.
Ahora, ahijado, te voy a mandar a hacer algo esta noche. Vas a cuidar al sacristán que está muy enfermo, ya mero se muere. Yo ya me cansé de cuidarlo le dijo el cura al niño.
Está bien, padrino. Todo lo que me mandas a hacer lo voy a hacer, no tengo miedo le dijo el niño a su padrino.
Está bien, dijo el padrino, a las nueve de la noche te va a tocar tu turno para cuidar al sacristán en el altar. Allí esta él.
Está bien, padrino, voy a cuidarlo. Llegó el niño a donde estaba el sacristán.
¿Acaso estás muy enfermo? le dijo el niño al sacristán.
Estoy enfermo, por eso siento que me voy a morir, le dijo el sacristán al niño
Con tu permiso, te voy a cuidar, le dijo el niño al sacristán. El sacristán se quejaba a gritos y el niño iba a cada rato a verlo.
Ah, te mueres, le dijo el niño al sacristán.
Siento que me voy a morir, le dijo el sacristán al niño.
Pobrecito de ti. Mejor que te mueras de una vez. Ahora nada más estás sufriendo. Mejor que te mato de una vez para que salgas de tu dolor, le dijo el niño al sacristán.
Todavía no, al rato, le dijo el sacristán al niño.
No, yo digo que te mueras ahora, es difícil cuidarte, le dijo el niño al sacristán. Me vas a perdonar, pero te voy a torcer el pescuezo.
No, dijo el sacristán.
Que sí, dame tu pescuezo, que te vas a morir ahorita. Nada más estás sufriendo.
Le torció el pescuezo al sacristán. Murió el pobre sacristán. Cuando vio el niño que se había muerto se fue a avisarle a su padrino. Llegó a donde estaba y le tocó la puerta:
Levántate, padrino.
Se levantó el cura y abrió su puerta.
Apúrate, padrino, dijo el niño, rápido.
El niño entró a la recámara del cura. Ahora, padrino, ven pronto conmigo, que maté al sacristán.
Ay, ¿por qué lo mataste? No estaba enfermo.
Lo maté porque nada más estaba sufriendo.
¿Por qué lo mataste, si todavía estaba bien él?
Soy yo quien le quité la vida.
Ay, ahijado malcriado, estaba bien mi sacristán, no estaba enfermo, el cura le dijo otra vez al niño.
Entonces, ¿por qué me pusiste a hacer esa tarea? le dijo el niño a su padrino.
No eres bueno, ahijadole dijo el cura. Mi sacristán estaba bien. No estaba enfermo, pero tú no tenías nada que hacer. Por eso te busqué un trabajo. No sabía que me lo ibas a matar. Ahora vas a llevar una carta a cierto lugar. Cuatro años vas a caminar para llegar.
Está bien padrino, dijo el niño, voy. Hazme un bastón de hierro con unas tenazas y me lo llevo de compañero.
Está bien.
Se hizo una carta y se la dio a la mano del niño. Iba a ese lugar, al infierno.
Te vas de una vez le dijo el cura al niño.
Como el cura pensaba que el niño era tonto, creía que se había ido el niño para siempre. Se fue el niño con la carta. Llegó al lugar a donde tenía que llevarla. Era allí el infierno donde vivía el diablo, y allí llegó el niño con la carta. Llegó a su casa y tocó la puerta.
¿Está el señor? le preguntó el niño al que abrió la puerta.
No está el señor, espéralo, le dijo al niño.
Está bien dijo el niño. Tengo una carta que vengo a entregarle le dijo el niño al portero.
Espéralo, siéntate en esta silla.
No me siento. Esta silla no está buena. Voy a pararme un rato. ¿Cuándo viene el señor Diablo?
Viene al rato.
Voy a esperarlo otro rato más. ¿Si no viene, acaso puedo dejar esta carta contigo?
Sí, puedes dijo el portero.
Está bien, aquí está su carta, dame la contestación.
No doy ninguna contestación. Sólo puede darla el diablito que está en el dormitorio. Voy a traer al diablito, dijo el portero.
Vete y él mismo contestará.
Está bien dijo el portero.
Llegó el diablito a donde estaba esperando el niño con la carta para el señor.
Dame la contestación, pues no está el señor.
Está bien dijo el diablito, espera otro momento.
Como no más eso decía y no le daba la contestación, se enojó el niño.
¿Que me la vas a dar o no me la vas a dar?
Espera otro momento, dice el diablito
¿Me la vas a dar?
Espera otro momento.
¿Ahora vas a darme la contestación o no me la das? Ay, ¿nunca vas a darme la contestación? Mejor te llevo de contestación. Ahora vente conmigo.
No voy dijo el diablito.
Tú no eres el que vas a mandar, vente conmigo.
El niño cogió la oreja del diablito con sus tenazas y lo llevó de la mano. El niño volvió con su padrino a los cuatro años de haberse ido a llevar la carta. Llegó en la noche y despertó a su padrino.
Ah, se asustó el padrino cuando llegó ¿Quién eres? le preguntó el cura al niño.
Soy yo, padrino, soy yo. Levántate luego, que te traigo tu contestación. Levántate luego. Se asustó el padrino y se quedó asustado por que pensaba que ya nunca iba a regresar el niño. Se levantó y abrió la puerta, lo vio y se asustó.
Aquí está tu contestación padrino. Aquí traje tu contestación, porque no estaba el señor. Por eso traje este diablito como tu contestación.
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