El rey Abderramán tenía que pasar por Navarra de regreso de Francia. El rey don Sancho, al saberlo, envió mensajeros a los valles del Roncal, Salazar, y Aezkoa con la orden de que se reunieran todos los hombres disponibles y salieran al encuentro del ejercito musulman y les presentaran batalla.
Los roncaleses y salacenos se dispusieron a cumplir las órdenes del rey Sancho. Sonaron las campanas de los pueblos a rebato, dejaron los hombres sus ocupaciones y, cogiendo las armas de las que disponía, palos y hoces, se fueron corriendo a atacar al ejército de Abderramán. Sin embargo los aezkoanos dijeron que ellos no eran hombres de guerra y que sus obligaciones eran cultivar y guardar las tierraas. Pero que si Abderramán pasaba por allí, lo recibirían con fuergo.
Así que sólo los habitantes del Roncal y de Salazar se dirigieron al encuentro de las huestes de Abderramán. Iban con furia decididos a vencer a los enemigos de la fe. Tenindo lugar la batalla en el puente de Ledea. Aunque los navarros eran muchos menos, consiguieron derrotar al ejercito musulman. Los salacenos además mataron a Abderramán y le cortaron la cabeza. Orgullosos con su sangriento tesoro pensaban en presentárselo al rey Sancho, que sin dudarlo recompensaría el valor de los habitantes de Salazar.
Los de Roncal tenían envidia de la suerte de sus vecinos. Así que durante el regreso del campo de batalla se arreglaron para coger una noche la cabeza del rey Abderramán y cortarle la lengua. Así cuando los salacenos se presentaron ante el rey Sancho y le enseñaron la cabeza los roncaleses dijeron que habían sido ellos los que habían cortado la cabeza, y que tenían la lengua del mismo como prueba. Poco faltó para que se iniciase una trifulca delante del rey. Pero este los apaciguó y dio a cada uno de los pueblos triunfadores un escudo de armas. Los de Salazar recibieron un escudo con un loco con un cordero en la boca y los del Roncal un zorro indicando su astucia.
Finalmente don Sancho también dio a los aezkoanos un escudo, un jabalí echado a la sombra de una encina para mostrar la pereza de los habitantes del valle de Aezkoa.
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