domingo, 25 de octubre de 2009

El rey y la mujer virtuosa

De las mil y una noches:

Se cuenta que un rey salió disfrazado para observar qué era lo que hacían sus súbditos. Llegó a una gran alquería y entró solo en ella. Tenía mucha sed y se paró ante la puerta de una de las casas y pidió agua. Una mujer hermosa salió con un jarro y se lo entregó. El rey bebió. Al mirar a la mujer quedó prendo de ella y la solicitó. La mujer, que le había reconocido, le hizo entrar en su casa y sentarse. Le sacó un libro y le dijo:

-Mira este libro mientras yo arreglo mis cosas. Vuelvo enseguida.

El rey se sentó a examinarlo; contenía amonestaciones contra el adulterio y describía los castigos con que Dios castigaría a quienes lo cometieran. Al rey se le puso la carne de gallina, se arrepintió por sus intenciones, llamó a la mujer, le devolvió el libro y se fue. El marido de la mujer estaba ausente, pues se encontraba trabjando en los campos. Cuando regresó, ella le explicó lo ocurrido. El hombre se quedó perplejo y dijo:

-Temo que el deseo del rey haya caído en ella -y desde aquel momento no se atrevió a tener más relaciones con ella.

Así transcurrió un tiempo. La mujer contó a sus parientes lo que le sucedía con su marido y éstos decidieron ponerlo en conocimiento del rey. Cuando se encontraban ante éste, le dijeron:

-¡Dios conceda poder al rey! Este hombre ha tomado en arrendamiento una tierra nuestra para cultivarla. Así lo ha hecho durante cierto tiempo, pero después la ha dejado sin labrar; sin embargo tampoco la devuelve para que nosotros podamos arrendarla a quien la trabaje, a pesar de que él no la cultiva. La tierra, así, se estropea y nosotros tememos que se descomponga por la falta de cuidado, la tierra cuando no se siembra, degenera.

-¿Cuál es el motivo que te impide sembrar tu campo? - preguntó el rey.

-¡Dios conceda poder al rey! -contestó el marido-. He sabidoque el león ha entrado en mi tierra; yo le temo y no me atrevo a acercarme, pues sé que carezco de fuerza para resistir al león.

El rey comprendió de lo que se trataba y le dijo:

-¡Oh tú! El león jamás ha hollado tu tierra; es una buena tierra para ser sembrada: cultívala con la bendición de Dios, pues sé que el león no le hará ningún daño.

El rey mandó dar a los esposos un magnífico regalo y los despidió.