domingo 3 de enero de 2010

La montaña crujiente

Erase una vez dos ancianos que vivían solos en una pequeña casa. Cada día el anciano se iba a trabajar en el campo, y mientras sembraba arroz cantaba:

"Un grano, y de él miles."

Todos los días aparecía también un tejón, después del anciano, que cantaba:

"Un grano y uno solo. Y todos me los comeré."

Y cuando el anciano volvía al campo el día siguiente, veía con tristeza que no quedaba ni un solo grano. Y esa era la razón por la cuál los ancianos vivían en la miseria.

Un día el anciano, al ver que una vez más el tejón se había comido todo el grano, se enfadó tanto que decidió atraparlo. El anciano empezó a sembrar y cantar, como de costumbre, hasta que llegó el tejón. El anciano dio un salto, y consiguió atrapar al tejón y atarlo con una cuerda.

Cuando el anciano llego a casa con su prisionero, le dijo a la anciana:

"Mujer, ven y mira lo que he cazado hoy. Toma una cazuela y haz un buen cocido de tejón." y el anciano volvió al campo,
mientras la anciana empezaba a moler arroz para hacer galletas para la cena.

El tejón, que era muy astuto y malvado, le dijo a la anciana:

"anciana, mira que eso de moler arroz a tus años debe ser mucho trabajo. ¿Por qué no me desatas para que te pueda ayudar" La abuela dudó, pensando que el anciano se enfadaría. Pero él tejón insistió tanto que al final la anciana decidió soltarle. El tejón hizo como que le ayudaba con la mano del mortero; pero en vez de moler arroz cuando la anciana se distrajo le golpeó en la cabeza y se fugó. Al llegar el anciano a casa encontró a su esposa muerta, y se puso a llorar. Una liebre que le vio llorar le preguntó el motivo de su pena y el anciano le contó su historia.

"Yo me vengaré por ti." dijo la liebre, y se fue hacia las montañas.

La liebre comenzó a recoger leña. Transcurrido un rato, el tejón se acercó y le preguntó qué hacía.

"Este invierno va a ser muy frío, y me estoy preparando," le contesto.

El tejón pensó que no era una mala idea y empezó a ayudar a la liebre. En no demasiado tiempo juntaron un buen montón de leña. Se pusieron la leña sobre la espalda y empezaron a bajar la montaña. Cuando llevaban medio camino recorrido, la liebre empezó a quejarse:

"¡Como pesa! ¡Ay, como pesa!"

El tejón para ayudar a su nuevo amigo que llevaba un rato quejándose, tomó la leña que llevaba la liebre. Siguieron bajando y la liebre, que caminaba detrás del tejón, comenzó a golpear unas piedras sobre la leña que llevaba el tejón, para que soltasen chispas y así se prendiera el fuego.

Extrañado el tejón le preguntó por el ruido, a lo que la liebre le contestó que la montaña que estaban descendiendo era la Montaña Crujiente, y que el sonido era de los pájaros picando los troncos de los árboles.

Finalmente la leña empezó a arde, y al escuchar el crepitar de las llamas el tejón volvió a preguntar otra vez a su nuevo amigo por el ruido.


"Ese sonido es el llanto de los pájaros, y por eso también le llaman a esta montaña la Montaña de los Pájaros que Lloran."

Cuando el fuego comenzó a quemarle la piel, el tejón comenzó a gritar pero la liebre se escapó corriendo.

Al día siguiente, la liebre se puso a recoger pimientos rojos pues quería hacer picante. Al verlo el tejón, enfadado, le dijo que por su culpa la espalda se le había quedado horriblemente quemada.


La liebre hizo como que no le conocía y le dijo:

"Las liebres de la Montaña Crujiente son las liebres de la Montaña Crujiente.
Las de la Montaña de los Pimientos son las de la Montaña de los Pimientos.
No sé de lo que hablas."

El tejón pensó que tenía razón. Y aprovechó para pedir a la liebre si tenía alguna medicina para las quemaduras.

"Vaya suerte, ahora mismo la estoy preparando", le dijo la liebre al tejón y empezó a cubrirle la espalda con la pimienta.

Al principio el tejón no sintió nada, pero poco a poco la pimienta empezó a hacerle efecto dejando la espalda mucho peor que lo que ya la tenía. En ese momento, la liebre se escapó otra vez.

Volvió la liebre de nuevo a la montaña al día siguiente. Esta vez empezó a cortar árboles con intención de hacerse un barco. El tejón llegó, con un terrible dolor en la espalda, y chillándole a la liebre le dijo que por su causa había estado apunto de morir el día anterior en la Montaña de los Pimientos.


La liebre, haciendo como si no conociese al tejón, contesto:

"Las liebres de la Montaña de los Pimientos son las liebres de la Montaña de los Pimientos.
Las de la Montaña de los Cedros son las de la Montaña de los Cedros.
¿Tú quien eres?"

O la liebre actuaba muy bien o el tejón era bastante crédulo, la cuestión es que el tejón se creyó de nuevo lo que la liebre le decía. Así que al enterarse de que la liebre planeaba hacerse un barco, le preguntó el motivo.

Cuando la liebre le dijo que era para pescar en el río, el tejón quiso un barco también.

"Bueno, yo me hago el barco de color blanco por que tengo la piel blanca. Pero tú, como tienes el pelo marrón, te vendría mejor hacer el barco de tierra.", le explicó la liebre al tejón.

Cada uno acabó de construirse su propio barco y se fueron juntos al río. Echaron las barcas al río, pero tan pronto el barco de tierra tocó el agua comenzó a deshacerse. El tejón cuando vio que se hundía en el agua comenzó a gritar:

"¡Socorro, socorro, ayúdame!"

Pero la liebre, impasible, le dijo:

"Recuerda a la pobre anciana que murió por tu culpa," y le abandonó.

La liebre se fue adonde al anciano y le dijo que el tejón estaba muerto. Pero en vez de alegrarse el anciano se puso muy triste ya que después de pensarlo se dio cuenta que la muerte del tejón no le iba a devolver a su esposa, y que la venganza no valía para nada.